Es la calle, lo cotidiano observado desde fuera del hogar. No, no voy a renunciar a una segunda residencia abierta a esta ventana de un mundo de ventanas contenidas de retratos y de pórticos a los que entrar a indagar; impactos visuales que ordeno en mi memoria y descifro; un acto que reivindico también para vosotros, os incito, os invito a asomaros a las callejuelas del planeta tierra donde moran seres exquisitos. Celeste Mar.
Nos encontraremos entre ese paisaje lunar donde nos has abrazado desde siempre con la melodía inigualable de tu voz entonando el cántico de un amor desnudo y sencillo cercado de cadencias y de olas y de ondas y de conchas y de blancas brumas entregadas y precisas. Melodías venidas, mudadas en aureolas de dos lunas en las que nos mecías trayendo a nosotros las nanas llenadas de esencias y de palabras recorriendo los montes y las laderas y los cielos yendo en busca de las necesitadas elegías regadas de ti que nunca nos faltaron, y, antes de cerrar cualquier atardecer nos vencías sumergiendo aquellos virginales sueños en cantatas llegadas en las manos que nos acariciaban al compás de los adulzados sonidos traídos a nuestros oídos en sonetos y en las odas pronunciadas desde esos labios que ahora nos faltan. Nos encontraremos entre ese paisaje lunar repleto de riscos, de braseros y de vientos en Anhui, y esta deslumbrante estrella en la que se aloja el destello inmanente nac...
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